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Comunicación entre padres e hijos

10 de Septiembre de 2019
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Todos, padres e hijos, estamos muy ocupados: el trabajo, los estudios, las distancias hacen que a veces los padres sintamos que no tengamos suficiente tiempo para conversar con nuestros hijos. Y cuando queremos hacerlo, ellos tienen otros compromisos y tampoco pueden.


Como padres estamos muy conscientes de la importancia de ese diálogo con nuestros hijos para transmitirles nuestros valores y nuestras experiencias. ¿Qué hacer?


A veces pensamos que para ser efectivos tenemos que hablar largas horas y explicar en detalle cómo fue en nuestros tiempos y qué deberían hacer ellos en estos tiempos. Realmente no hace falta hablar mucho. Nuestros hijos saben lo que está bien y lo que está mal y, generalmente, tienen una idea clara sobre lo que buscan. Más que largas horas, lo que hace falta son tiempos cortos y frecuentes en los que los escuchemos y si es necesario les demos un consejo o les transmitamos una experiencia. Tal vez hablar con ellos quince minutos cada día es más importante que hacerlo por muchas horas una vez al mes.


Más importante todavía, es atenderlos. Conversar mientras vemos la televisión no es lo más efectivo; conversar con ellos sentados y yo de pie, tampoco. A veces sentados en la alfombra nos acerca. Tenemos que darles toda nuestra atención y tener mucho cuidado con la cara que ponemos. Muchas veces nos dicen cosas que nos preocupan e inquietan profundamente y eso se refleja en nuestro rostro, levantando una muralla entre ellos y nosotros. Hay que escucharlos con amor y a veces, después de escucharlos, darles un golpecito en el hombro y sólo decirles: “cuenta conmigo”.


En esa edad en que nuestros hijos están inseguros, no hay nada como que vean a sus padres como una roca sólida a la que se puedan abrazar. Recordar que mejor que palabras es el ejemplo. No nos gusta el desorden en su cuarto, ¿cuán ordenado está el nuestro? No nos gusta cómo se visten, ¿qué ropa usamos nosotros? Y también conversarles sobre nuestros errores y cómo los superamos para que nos vean como seres humanos.


Finalmente, recordemos que el tiempo pasa raudo y que en poco tiempo nuestros hijos e hijas serán hombres y mujeres enfrentados a la vida. No esperemos a mañana para acercarnos a ellos porque los mañanas no llegan.


Ing. Joaquín Martínez Amador

Director Ejecutivo

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